Cuando aparece, definido, con un nombre, insomnio, veo: la espalda apoyada contra el colchón, mis piernas que se doblan y se alargan, indefinidas, sin sentido, sobre las tablas del piso de pinotea.
Cuando aparece, definido, con un nombre, veo: el mismo movimiento, una pila de libros, un cementerio de cigarrillos. Siento: los oídos tapados, la cara contracturada. Huelo: alquitrán y tierra. Y mientras tanto pasan musulmanes por la vereda a la que da mi ventana. Los escucho, los imagino, pero nunca llego a inventar un diálogo.
Cuando aparecés, indefinido, con un nombre y el insomnio, no puedo pensar ni escribir un diálogo.
Veo: lucecitas que se prenden y se apagan bailando al compás. Siento: el viento pegándome en la cara bajo un túnel hecho de copas de árboles.
Vos sos, cuando apareces, un nombre, el insomnio, no diálogos, espaldas apoyadas contra el colchón, las piernas indefinidas, los oídos tapados, alquitrán, un cementerio de libros, cigarrillos, incoherencias.
Y a mi me gustan las luces bailando al compás, el viento pegándome en la cara, los túneles de árboles y vos, lejos, siempre.
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