A veces, mientras descubro y alucino caminos, me pinta el existencialismo en las autopistas.
Pienso. Qué bueno sería escribir historias de gentes que se cruzan, se interpelan, se descubren, y nunca se miran a los ojos.
Pero hoy quiero hablar del silencio y del pasto.
De alguna tarde de verano. Del sol dibujando por entre los árboles
y de alguna que otra balada.
Será que, por fin, el sol le ha ganado ha la noche en mi yo existencialista?
Será que me estoy dejando ser/de ser?
Así estamos, siempre en la encrucijada
entre la luz y las sombras.
Entre destellos.
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