martes, 8 de febrero de 2011

Humo

Una vez tuve una discusión acerca de la escritura. Alguien decía que siempre hay que saber a dónde ir, y yo lo negaba.
Nunca tengo claros los objetivos, los puntos cardinales o los destinos turísticos a los que quiero arribar.
 Sólo sé que el tabaco, el alquitrán, la marihuana y el alcohol, a veces, me ayudan a saber a dónde llegar.
En los últimos casos, por supuesto, son siempre suposiciones, potenciales e ideas que me hacen sentir liberada por unos segundos.
Después pienso que la historia del enano está buena, y que podría inventar mil boqueteros y enanos de yeso que me llevaran hacia el sumus de las palabras y los colores.
 Mi papá me regaló una lámpara con espejitos, que no da luz. Las cuerdas se mueven atrás mío, y el olor de Philip apagado me da ganas de vomitar.
 Hoy fui a la verdulería y compré berenjenas. Me encantan, así como escribir. Pero, por suerte, las berenjenas se consiguen con mayor facilidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario