viernes, 23 de abril de 2010

Postergando historias

Todos los días postergo historias. El asunto empezó hace unos años atrás, cuando la depresión me daba desvelo, y el desvelo hacía aparecer a las historias. 
Pero los problemas vinieron después, y de su mano vino también el temor. Las historias que inventaba en las noches de día ya no existían, actuaban como el vapor, como el humo, desaparecían. Me desesperaba no recordar las palabras tan geniales que se me habían ocurrido. No recordar ni una sola cadena de palabras que había aparecido. Temía. Temía y temo a la pérdida de las palabras.

Un día de esos de verano en los que venía el amigo insomnio, empecé a escribir fragmentos de las cadenas de historias para no perderlos más. Esa vez la evidencia le ganó al humo.
Y hoy tengo historias. Tengo la mía para contar. Pero la postergo. La pierdo. Se evapora.

Quiza la cadena de palabras, esta vez, termine transformándome en vapor.

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