Un documento de Word en blanco es una invitación al vacío. Queriendo completar alguna página abandonada me siento acá. Comienzo de a poco a mover los dedos, tratando de seguir la tormenta de sustantivos, vocablos que vienen a mi cabeza.
La tarea resulta casi imposible. Las ideas al fin y al cabo resultan impolutas, y siguen ahí, adentro de alguno de mis hemisferios cerebrales.
Me acuerdo del chico de las burbujas, del circo Thianny´s, de los paseos en colectivo. Pero mis dedos no pueden moverse tan rápido.
A veces preferiría tener un zapallo por cabeza, y dos pinzas por manos. Arvejas en vez de granos y almohadones en vez de cintura. Dos varitas mágicas por cada pierna, o tal vez piernas de manguera, de esas rayadas.
Una peluca roja en vez de pelo. Dos naranjas por ojos, un caramelo por boca y una flor por nariz. Tener brazos de zanahoria. Voz de soprano, pensamiento de caracol. Tener un arcoiris debajo de mi cama y una tormenta abajo. Pies de oso y alitas de pollo.
Una rayuela en la puerta de mi casa. Un tren en la puerta que me lleve a la estratósfera o que me lleve a perderme por algún laberinto negro en el que no necesite nada de todo eso. Una escalera de hielo que me lleve hasta ningún lugar.
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